jueves, 11 de junio de 2015

Tormenta

No me gusta la lluvia. Quizá porque es fría y me recuerda al invierno. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de las tormentas de verano. 
Las tormentas de verano nos alivian, nos calman y evitan que nos pasemos el día maldiciendo por el calor que hace. En cambio, las tormentas de estos dos días significan otras cosas. Nos despiertan en mitad de la noche esos truenos y los rayos hacen que nos desvelemos. Quizá sea una señal. La señal de que por un instante nos paremos, nos asomemos a la ventana y pensemos.

Ayer, el familiar de un amigo nos dejó y cuando miro esta sucesión de tormentas que estamos sufriendo, sólo me viene a la mente que esta lluvia significa algo. Nada de que el cielo se endurezca o que los ángeles están tristes. Sinceramente, creo que el agua que cae sobre nosotros tiene otro mensaje. El de que todo está bien, que ya ha pasado. 

Parecerá contradictorio, pues una tormenta nos recuerda a enfado, a venganza, tal vez porque Zeus esté enfurecido con Hades o porque Ororo ha decido poner los ojos en blanco. 

Para mí, esta vez, esta tormenta me dice que lo va a limpiar todo: la suciedad, el dolor, la angustia y el sufrimiento. No tenemos una tormenta sobre nosotros, sino lágrimas. Esas lágrimas que brotan de nuestros ojos con furia y rabia, con impotencia por no poder proteger a los que queremos. 
Sin embargo, cuando las lágrimas cesan, el dolor encoge. Es verdad que muy poco, pero lo hace. Y día a día va encogiendo, hasta que se convierte en un recuerdo, o quizá ni eso. 

Pues, en cuanto salga el sol, ¿quién recordará esta tormenta? Nadie. Sólo se recordará lo limpio y bonito que se quedó todo tras aquel llanto de dolor.


Con mucho cariño, Lalula